SERGIO VEGA


(Buenos Aires, Argentina, 1959). Reside y trabaja en Gainesville, Florida.

La madre de los cañaris, desfile con máscaras de yeso pintadas a mano; trajes de tela, bordado, plumas sintéticas; video, color, 5’, 2018

Un proyecto de Sergio Vega con la colaboración de Silvia Zeas 


Decían que en tiempos muy antiguos que habían perecido todos los hombres en una inundación, que cubrió toda la tierra. La tierra de Cañaribamba estaba ya poblada, pero todos sus habitantes se ahogaron, logrando salvarse solamente dos hermanos varones en la cumbre de un monte, el cual, por eso, se llamaba Fasayñan o camino de llanto. Conforme crecía la inundación, se levantaba también sobre las aguas este cerro; los antiguos moradores, que, huyendo de la inundación, habían subido a los otros montes, perecieron todos, porque las aguas cubrieron todos los demás montes, dejándolos sumergidos completamente.

    Los dos hermanos, únicos con vida después de la inundación, de la cueva en que se habían guarecido salieron a buscar alimento; mas cuál no fue su sorpresa, cuando, volviendo a la cueva encontraron en ella manjares listos y aparejados, sin que supiesen quien lo había preparado. Esta escena se repitió por tres días, al cabo de los cuales, deseando descubrir quién era el ser misterioso que les estaba proveyendo de alimento, determinaron los dos que el uno saldría en busca de comida, como en los días anteriores, y que el otro se quedaría escondido en la misma cueva. Mas he aquí que, estando el mayor en acecho para descubrir el enigma, entran de repente a la cueva dos guacamayas, con cara de mujer; quiere apoderarse de ellas el indígena, y salen huyendo. Esto mismo pasó el primero y el segundo día.

    Al tercero, ya no se ocultó, el hermano mayor sino el menor: éste logró tomar a la guacamaya menor, se casó con ella y tuvo seis hijos, tres varones y tres mujeres, los cuales fueron los padres y progenitores de la nación de los cañaris.

    En la cosmología de las culturas nativas de las Américas, el loro ocupa un lugar especial asociado frecuentemente con roles y tareas propias de las divinidades. En el contexto de sociedades shamánicas la percepción animista de lo que llamamos “naturaleza” lleva a la práctica de lo que fue denominado como perspectivismo: “Inicialmente, esta reflexion fue motivada por las abundantes referencias en la etnografía amazónica a una concepción indígena según la cual el modo en que los seres humanos ven a los animales y a otras subjetividades que pueblan el universo (dioses, espíritus, muertos, habitantes de otros niveles cósmicos, plantas, fenómenos meteorológicos, accidentes geográficos, objetos e instrumentos) es radicalmente distinto al modo en que esos seres ven a los humanos y se ven a sí mismos... En resumen, los animales son gente, o se ven como personas. Esta concepción esta casi siempre asociada a la idea de que la forma material de cada especie es un envoltorio (una “ropa”) que esconde una forma interna humana, normalmente visible tan solo a los ojos de la propia especie o de ciertos seres transespecíficos, como los chamanes. Esa forma interna es el espíritu del animal: una intencionalidad o subjetividad formalmente idéntica a la conciencia humana, materializable, por decirlo así, en un esquema corporal humano, oculto bajo la mascara animal.” 

    Diferenciándose de la tradición iconológica occidental de representaciones del loro, el mito de las guacamayas de los cañaris originario de las provincias ecuatorianas de Azuay y de Cañar, concibe a la guacamaya en relación con el hombre y dotándola de atributos femeninos de fertilidad. Así la guacamaya cumple el rol típicamente asignado a la mujer: alimentando al hombre luego del diluvio, dándole hijas e hijos y ayudándolo a sembrar (proveyéndolo de semillas). 

    El proyecto presentado en esta sala indaga sobre la naturaleza de la concepción cañaris de los orígenes de la humanidad y su posible interpretación dentro del contexto de la producción artística contemporánea. En el libro de ensayos titulado “Sólo Jugando” Jean-François Lyotar y Jean-Loup Thébaud argumentan que el modernismo nuca entendió la tradición, por eso se embarcó en la búsqueda vertiginosa de lo nuevo. Desde esa perspectiva la tradición es una forma fija que solamente puede repetirse. En el contexto de las tribus Amazónicas, las narrativas mitológicas que conforman la tradición son revisitadas por cada generación y esta es reinventada en nuevas formas pertinentes a dicha generación, hecho que confirma que en el mero acto de ser repetida la tradición nunca esta fija, sino que se transforma constantemente a través de nuevas interacciones e interpretaciones. 

    Estas vestimentas son interpretaciones libres de como los hermanos cañaris habrían visto a las loras-mujeres al entrar en la cueva después del diluvio. ¿Cómo se relacionarían estas indumentarias y su performance con el mundo de la moda y las artes visuales contemporáneas? ¿Se traducirían de manera tangible a través de su forma ritual y perderían su carácter mítico o lo redimensionarían?¿Cómo se relacionaría esta interpretación visual y performativa del mito de origen de la etnia local con la construcción antropológica y etnográfica de la identidad cañari en un contexto museológico? ¿Podrían estas versiones de vestidos míticos de mujeres/pájaros ser interpretadas como potenciales superhéroes de un futurismo latinoamericano? ¿Como serían percibidas por la propia comunidad cañaris? ¿Podría este tipo de iniciativa incitar a un proceso de reinterpretaciones del las mitologías de la antigüedad? ¿Cómo sería este evento interpretado por la población cuencana? 


(Buenos Aires, Argentina, 1959); he lives and works in Gainesville, Florida.

Mother of the Cañaris, parade with hand-painted plaster masks; embroidered fabric costumes; synthetic feathers; video, color, 5’, 2018

A project by Sergio Vega realized in collaboration with Silvia Zeas


It was said that in ancient times, a flood covered the world and all humans died. The land of Cañaribamba was already populated but everyone drowned. Only two brothers that were on top of a mountain were spared. That is why it is called Fasayñan or path of tears. As the flood advanced, the mountain also raised. The ancient dwellers escaping from the flood took refuge in other mountains, but all of them died, because the water covered all the other mountains leaving them completely submerged.

    After the flood, the two brothers left the cave on which they had found shelter and went outside in search for food. To their surprise, when they returned to the cave, they found a variety of foods carefully arranged for them to eat. The same things happened for three days. Thus, they were curious to find out who was bringing the food for them. So the older brother decided to hide inside the cave and the younger one would go out and continue searching for food as before. Suddenly two macaws with women’s faces entered the cave bringing food. The older brother attempted to capture them but they escaped. The same happened in the next two days. 

    On the third day, the younger brother hid inside the cave and managed to take the younger macaw. They married and have six children, three girls and three boys who became the parents and progenitors of the Cañaris’ nation.

    In the cosmology of native cultures of the Americas the parrot occupies a special place often associated with divine tasks and roles. In the context of shamanistic societies, an animistic perception of what we would call “nature” leads to the practice of what has been called perspectivism. “From the start this reflection was motivated by abundant references in Amazonian ethnography to an indigenous conception according to which the way in which human beings see animals and other subjectivities that populate the universe (Gods, spirits, death people, inhabitants of other cosmic levels, plants, weather phenomena, geography formations, and instruments) is radically different from the way in which these beings see humans and see themselves... In short these animals are people, or see themselves as persons. This conception is almost always associated to the idea that the material form proper to each species is a kind of wrapping (a “cloth”) that hides an inner human form normally visible only in the eyes of the proper specie or by trans-specific beings like shamans. This internal form of the animal spirit: an intentionality or subjectivity formally identical to human consciousness, embodied in a human corporal scheme hidden behind an animal mask.”

    The Cañaris’ myth of the macaw’s original of the Ecuadorian provinces of Azuay and Cañar, differs from the western iconological tradition of representations of the parrot. In this case, the macaw is conceived in relation to humankind and men in specific, since it is doted with feminine attributes of fertility. Thus the macaw performs a role traditionally ascribed to women: to feed the men after the flood, giving him sons and daughters, and assisting him with agricultural tasks by providing seeds.

    The project here on display inquires into the nature of the Cañaris’ conception of the origin of humankind and its possible interpretation within the context of contemporary artistic production. In the collection of essays titled “Just Gaming” Jen-François Lyotard and Jean-Loup Thébaud argue that modernism never understood tradition, reason for which it engaged in the vertiginous search for novelty. From that perspective, tradition is a fixed form that can only be repeated. In the tribes of the Amazon region, mythological narrations that constitute their tradition are reiterated by each generation and in that process reinvented in new forms that are pertinent to that specific generation, thus indicating that in the very act of being repeated, tradition is never fixed, but constantly transforming through new iterations and interpretations. 

    These dresses are free interpretations of how the Cañaris may have seen the parrot-women that brought food to them in the cave after the flood. How could these outfits and their performance relate to the world of fashion and to contemporary visual art practices?  Would they translate in a tangible manner through their ritual form and loose their mythical character, or would they bring a new dimension to it? How would this visual and performative interpretation of the myth of origin of the local ethnicity relate to the ethnographic and anthropological construction of the Cañaris’ identity within a museographic context? Can these renditions of costumes of mythical women-bird superheroes be interpreted as Latin American-futurist fiction? How would the Cañaris’ community perceive them? Could this initiative incite a new process of reinterpretations of ancient local mythologies? How would the public of Cuenca interpret this event?


Mayor información: Entrevista Sergio Vega, Performance Sergio Vega

Todos los derechos reservados © 2019 Bienal de Cuenca