CARLOS MARTIEL


(La Habana, 1989). Vive y trabaja en Nueva York 

Gente de color, vaciado en concreto y performance, 2018


Para Carlos Martiel el trabajo con su propio cuerpo entraña un acto de liberación y a la vez la aceptación de su fragilidad, permitiéndole “criticar, reflexionar, o señalar problemáticas que tienen su raíz en el hecho de ser negro”. La condición racial, la perversión de los fenómenos migratorios, la segregación y exterminio de las minorías étnicas, o los diversos mecanismos de exclusión implementados por el poder, constituyen sus cuatro ejes de acción artística.

    En el performance Gente de color el artista permanece desnudo dentro de una estructura compuesta por dos moldes de concreto hechos a la medida de su cuerpo, es decir, son el negativo de su silueta. Mientras permanece adentro, no puede salir por sus propios medios, y su único contacto con el exterior es a través de una separación de 1 cm entre molde y molde, abertura a través de la cual se puede entrever su presencia. La obra, según explica el artista, “alude a la falta de integración y al aislamiento que sufren los afrodescendientes en Ecuador. Siempre ausentes de la historia oficial, sin representación en los partidos políticos, y carentes de las ayudas necesarias para su incorporación en la sociedad, a pesar de que llevan siglos viviendo en este país”.


(Havana, 1989); he lives and works in New York 

Gente de color [People of Color] concrete casts and performance, 2018 


For Carlos Martiel, working with his own body entails an act of liberation as well as acceptance of his fragility; it is a means “to critique, reflect on, and signal issues rooted in the fact of being black.” His artistic action revolves around four core issues: racial status, the perversion of migration, the segregation and extermination of ethnic minorities, and the many mechanisms of exclusion implemented by power.

    In the performance Gente de color, the artist stands nude inside a structure of two concrete casts the size of his body—negatives of his form. He cannot get out of the structure without help, and his only contact with the exterior space is a one-centimeter gap between the two molds—the opening through which viewers can get a glimpse of him. The work, the artist explains, “deals with the segregation and isolation endured by people of African descent in Ecuador. Though they have lived in the country for centuries, they are never included in the official history, represented by political parties, or recognized as part part of society.”

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