MARÍA JOSÉ MACHADO


Cuenca, Ecuador, 1984. Vive y trabaja en Cuenca.

Blanco neblumo, esmog sobre madera, ocho paneles, biografías, 2018


María José Machado asume el cuerpo como una “noción cultural” que no solo comprende los aspectos anatómicos y fisiológicos sino los comportamientos sociales y sus significados. En tal sentido, su trabajo se manifiesta como cuestionamiento y transgresión de los estereotipos normativos. Sus acciones se basan en la experiencia del cuerpo, en tanto signo del devenir vital y lugar de confluencia de expectativas y valores sociales vinculados a nociones de religiosidad, género y poder. 

    Para la Bienal, la artista combinó las posibilidades de la pintura expandida con estrategias propias de la estética relacional. Enfocada en los problemas de contaminación ambiental que afectan al barrio de El Vado en el Centro Histórico de Cuenca (donde se encuentra precisamente instalada esta obra), Machado se planteó elaborar un testimonio humano de sus efectos tóxicos en una serie de residentes de la zona, a quienes retrata usando remanentes de polvo, humo y hollín, a lo cual suma una pequeña ficha con la historia clínica de su afección. El resultado es una galería de retratos espectrales que ponen sobre el tapete los problemas del trasporte público en la ciudad.


Cuenca, Ecuador, 1984; she lives and works in Cuenca

Blanco neblumo [White Smog] smog on wood, eight panels, biographies, 2018


María José Machado understands the body as a “cultural notion” that encompasses not only anatomical and physiological dimensions, but also social behaviors and their meanings. Her art questions and subverts normative stereotypes in actions based on the experience of the body as sign of vital process and as place where expectations and social values linked to notions of religion, gender, and power converge. 

    For the biennial, the artist combined the expanded field of painting with the strategies of relational aesthetics. Focused on pollution in the neighborhood of El Vado in the historic section of Cuenca—and the one where her work is installed—Machado put together human testimony of the toxic effects suffered by a group of local residents. She paints their portraits in dust, smoke, and soot, adding to each one a brief summary of their medical history. The result is a gallery of ghostly portraits that brings into the open the city’s transportation problems.



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