ISHMAEL RANDALL WEEKS | MENCIÓN DE HONOR


(Cusco, Perú, 1976). Vive y trabaja en Lima.

Voces monumentales, materiales de la obra en sala: audio, mármol rosado cuencano, carrito betunero, puesto fotográfico del parque; vitrinas en el parque: fotografías y objetos diversos, 2018 


El trabajo de Ishmael Randall-Weeks abarca instalaciones site-reflexive, esculturas, videos y obras en papel, medios con los cuales aborda problemáticas alusivas a las dinámicas urbanas, la transformación y el nomadismo entre otros aspectos. Randall-Weeks sustenta parte de su trabajo en el intercambio y la colaboración con diversos sectores populares (artesanos y vendedores, especialmente), experiencia que incorpora a la obra, tanto desde el punto de vista de la producción como mediante la incorporación de vivencias y memorias personales a la propuesta.

    Su proyecto para la esta Bienal propone la creación de nuevas asociaciones e interpretaciones alegóricas sobre objetos cotidianos, tomando como referencia las convenciones museográficas del siglo XIX y apoyándose en la idea de los gabinetes de curiosidades. El trabajo, desarrollado en conjunto con comerciantes informales instalados alrededor del Parque Calderón de Cuenca, consiste en la intervención de sus puestos de trabajo: el banco de betunero de José Farfan; el puesto de periódicos y libros de Benigno Tenesaca; el charol de golosinas y cigarrillos de Esperanza Tacuri; la venta de velas y objetos religiosos de Guillermina Lituma; la cámara fotográfica de manga de Vicky Benenaula, el puesto de plantas de Cecilia Albarracín. Su intención, tal como indica el artista, es crear “una viñeta sobre la vida del vendedor dueño del puesto o carro en particular, y su mundo y entorno”. Además de convertir a los puestos ambulantes en dispositivos museológicos, el artista complementa su participación con un monumento que invierte la lógica de esta: dentro de la sala del Museo de Arte Moderno, presenta una escultura inspirada en el pedestal para la placa conmemorativa dedicada al Coronel Luis Vargas Torres del Parque Calderón a la que se adosan parasitariamente los puestos ambulantes, reclamando su lugar en el panteón de los héroes de la ciudad.


(Cusco, Perú, 1976); he lives and works in Lima

Voces monumentales [Monumental Voices] materials for work in the venue: audio recordings, pink marble from Cuenca, shoe shine box, outdoor photography stand; outdoor display cases: photographs and assorted objects, 2018


Ishmael Randall-Weeks’s art encompasses site-reflexive installations, sculptures, videos, and works on paper to address issues related to urban dynamics, transformation, and nomadism. Much of his work entails exchange and collaboration with different working-class sectors (artisans and street vendors, in particular), an experience that makes itself felt in his work both in terms of point of view and the experiences and memories drawn on. 

    His project for the biennial entails the creation of new associations and allegorical interpretations of everyday objects. His frame of reference is nineteenth-century museum conventions and curiosity cabinets. Randall-Weeks worked with a group of informal street vendors in and around Parque Calderón in Cuenca by intervening on their stands, specifically: José Farfan’s shoe shine box; Benigno Tenesaca’s newspaper and book stand; Esperanza Tacuri’s candy and cigarette kiosk; Guillermina Lituma’s stand selling candles and other religious items; Vicky Benenaula’s bellow camera; and Cecilia Albarracín’s plant stand. As the artist himself puts it, his intention is to create “a vignette on the life of the street vendor who owns his or her own stand or cart, and world and environment.” In addition to turning the stands into museum display devices, the artist has constructed a monument that inverts that logic: he places in the gallery at the Museum of Modern Art a sculpture based on the pedestal for the commemorative plaque to Coronel Luis Vargas Torres located in Parque Calderón; he has added to it, in parasite-like fashion, the stands of the vendors, demanding their place in the pantheon of the city’s heroes.



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