JESSICA BRICEÑO CISNEROS


(Caracas, 1988). Vive y trabaja en Santiago de Chile.

Guapondelig, intervención en las piletas de San Sebastián, San Roque y San Blas; hierro estriado, alambre, soldadura, 2018


El trabajo de Jessica Briceño se basa en el estudio de materiales y proyectos arquitectónicos modernistas que la artista recrea a escala, usando fundamentalmente el concreto y el fierro que dotan a sus esculturas de un relieve háptico. Su interés por las formas del paisaje urbano recoge la tensión entre arquitectura y naturaleza, entre cultura y paisaje, al tiempo que plantea una lectura crítica sobre los efectos de las políticas públicas en el espacio urbano y en el imaginario social.

    Su participación en la Bienal de Cuenca es doble. Por un lado exhibe un conjunto de trece esculturas que representan en pequeña escala un inventario de piletas públicas recopilado por la propia artista en sus viajes a la ciudad. A partir de este inventario, Briceño desarrolló la otra parte de su presentación: Guapondelig (nombre de la antigua ciudad de Tomebamba, que en lengua cañari significa “llanura ancha como el cielo”), una respuesta a su concepto de “arquitecturas hídricas” que lleva a la práctica en una serie de intervenciones en las piletas ubicadas en las plazas de San Sebastián, San Roque y San Blas. La artista interviene estas piletas con esqueletos metálicos que reconstruyen sus siluetas, en un gesto escultórico que alegóricamente quiere rescatar de la invisibilidad cotidiana la significación de las fuentes en el plano simbólico del urbanismo local, invocando simultáneamente al paisaje local, las culturas autóctonas y la arquitectura vernácula. 


(Caracas, 1988); she lives and works in Santiago, Chile

Guapondelig, intervention on the fountains in San Sebastián, San Roque, and San Blas squares; grooved iron, wire, welding, 2018


Jessica Briceño’s art revolves around the study of modernist architectonic materials and projects of which she makes scale replicas, mostly in concrete and iron that give her sculptures a haptic effect. Due to her interest in the forms of the urban landscape, she heeds the tension between architecture and nature, between culture and landscape, formulating a critical reading of the effects of public policies on urban space and the social imaginary.

    Her participation in the biennial is twofold. First, she exhibits a group of thirteen sculptures: an inventory in small-scale of public fountains the artist has visited during trips to the city. That inventory forms the basis for the second part of her presentation: Guapondelig. (The name of the ancient city of Tomebamba in the Cañari language, Guapondelig means “plain as wide as the sky.”) This work is a counterpoint to the concept of “water architectures” enacted in her series of interventions on the fountains in San Sebastián, San Roque, and San Blas squares. The artist places metallic frameworks in the fountains that mimic their shapes. With that gestural and sculptural intervention, the work attempts, on allegorical level, to salvage from everyday invisibility the symbolic weight of fountains in local urbanism while also making reference to the local landscape, native cultures, and vernacular architecture. 

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