Propuesta Curatorial


XIV Bienal de Cuenca

Estructuras vivientes. El arte como experiencia plural.


Esta propuesta curatorial es una invitación a reflexionar en torno a las formas cómo nos relacionamos con el arte para enfocarnos en la idea del arte como experiencia o vivencia plural: estética, sensorial, intelectual, emocional, afectiva, psicológica, pero también política, sociológica, antropológica. 

En un inicio se trata de acoger las preguntas e inquietudes fundamentales que tiene el público sobre el arte contemporáneo para acercarnos a la compresión de sus sentidos; una comprensión que pasa necesariamente por zonas de transparencia y opacidad consustanciales a la actividad artística. 

En la actualidad aún predominan ciertas formas de relación con el arte basadas en estructuras culturales cuya genealogía se remonta a su institucionalización a través de la figura del museo, figura que a pesar de estar asociada al relato de una historia milenaria, y de hallarse presente en las más diversas geografías, es originalmente un modelo europeo –luego ampliamente extendido y desarrollado en Norteamérica– que apenas alcanza un par de siglos de existencia. Su función principal ha sido la valoración, consagración y legitimación de la maestría, de las cualidades formales y técnicas de la obra; la apología del genio individual y de un modelo de recepción centrado en la admiración y contemplación. Esta comprensión, propia de la modernidad artística, entiende el arte como un proceso en continua evolución donde cada nueva obra supone un esfuerzo de superación de la anterior en una sucesión progresiva de estilos y movimientos.

Ante ese modelo de relación con el arte que podríamos definir como “la visión progresiva” o “evolutiva”, el arte contemporáneo –especialmente el de aquellos países en proceso de invención de sus propias estructuras culturales, como los nuestros–, ha formulado eficaces y sugestivas alternativas. Una de ellas ha sido la de desplazar el énfasis de la admiración (o contemplación estética) hacia lo experiencial o vivencial, aquello que podemos llamar la “orientación experimental”. Ya la artista brasileña Lygia Clark (1920-1988), hablaba del “ritual sin mito” en el arte, como una manera de referirse a ese encuentro del ser humano consigo mismo que ella quería provocar a través de sus “proposiciones” y objetos sensoriales. Uno de estos objetos se titula precisamente Estructuras vivas (1969) y sirve de inspiración a este proyecto curatorial: se trata de una red que se rehace continuamente con la intervención del público participante, de modo que la forma y sentido de la obra son siempre movedizos y cambiantes, tal cual acontece con la relación, la percepción y comprensión de cada espectador frente a cada obra de arte.

Esta manera de enfocar el arte como experiencia fundamenta numerosas propuestas del arte latinoamericano, como los eventos públicos del venezolano Diego Barboza (1945-2003), o los performances del peruano Jorge Eduardo Eielson (1924-2006) –referentes históricos del arte continental cuyas obras serán parte de la XIV Bienal de Cuenca–. En ellos, la idea del contacto y la generación de vínculos interpersonales cumplen una función preponderante, de manera similar a muchos otros artistas que en el período reciente asumen el arte como vivencia desde una perspectiva crítica que cuestiona los modelos y paradigmas establecidos, hilvanando redes, buscando conexiones, forjando plataformas de encuentro y propiciando situaciones en las que los individuos puedan relacionarse y aprender juntos.

La compresión del arte como experiencia vital implica un modo de relacionarse con la actividad artística tanto desde el punto de vista de la producción como en lo relativo a su circulación y recepción. Ya no se trata de un artista cuyo fin último sea la producción de objetos, sino de un productor cultural que disponiendo de diversos lenguajes y estrategias artísticas genere un tipo de experiencia múltiple en el espectador-transeúnte, a través de la amplia plataforma de la Bienal cuyo conjunto de exhibiciones abarca toda la ciudad. 

Los artistas invitados a la XIV Bienal de Cuenca trabajan desde lo experiencial y propician situaciones donde esta prevalece. La mayoría de ellos parten de procesos previos de exploración e investigación en la ciudad de Cuenca, convirtiendo a la urbe en el soporte físico y en el gran resorte de sus realizaciones simbólicas, pues apelan ya sea a su memoria o a su actualidad, al paisaje natural y arquitectónico, o al rico y heterogéneo imaginario con el que convive.  Pues, al estar dirigidas a la experiencia, las propuestas de los artistas se interesan por la historia, las relaciones políticas, sociales y culturales que se reflejan en la vida cotidiana de la urbe. Así, en esta Bienal veremos propuestas que se remiten a quehaceres y rituales colectivos como procesiones carnavalescas y desfiles de moda, travesías por los sonidos de la selva, reconstrucciones de fragmentos urbanos… proyectos todos ellos que  indagan en las capas arqueológicas y antropológicas del tejido cultural. Las cuarenta y cinco obras que conformarán la muestra oficial, como las exhibiciones paralelas planificadas se desplegarán tanto en museos como en el espacio urbano, apuntando siempre a generar lugares de encuentro y reflexión sobre temas que atañen a la diversidad de públicos que viven este evento.


Jesús Fuenmayor

Curador XIV Bienal de Cuenca



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