FRÁGIL


Frágil

Siempre estuve aquí (I always was here). Esta breve pero poderosa declaración aparece escrita a lo largo de una gran pancarta suspendida por Reko Rennie como pieza central del pabellón australiano de la XIII Bienal de Cuenca. Rennie ha incorporado el diseño geométrico de rombos del pueblo Kamilaroi a modo de telón de fondo de las palabras, contrastándolo sobre un estampado de camuflaje para abordar temas de herencia indígena y empoderamiento cultural. El formato de la pancarta también nos trae a la memoria la poderosa historia de activismo y derechos de los indígenas en Australia. Como afirma Rennie, "es una proclamación de los pueblos nativos".

La supervivencia en un mundo que cambia a gran velocidad es una cuestión recurrente en muchos artistas actuales quienes, a través de sus obras, han intentado captar los problemas a los que nos enfrentamos como sociedad (y como planeta): desde el riesgo ecológico a la transformación tecnológica. En el pabellón australiano, cuatro artistas tratan estos temas de formas muy diferentes, sus trabajos reflejan la importancia del mundo natural amenazado, del lugar y de la identidad; también de la supervivencia, adaptación y atracción en el mundo animal. Conceptos como fragilidad e impermanencia (este último es el marco curatorial de la Bienal) constituyen la plataforma de sus trabajos.

Rennie explora estos conceptos a través del prisma de la historia y la supervivencia de los aborígenes australianos, algo que resuena en la gente e historia indígenas de Ecuador. Janet Laurence y Caroline Rothwell se expresan a través del mundo de las plantas y los ecosistemas afectados por la actividad humana. Para María Fernanda Cardoso, la mas diminuta de las criaturas, una araña saltadora 16 veces mas pequeña que la punta del dedo de una persona, se convierte en "la primera artista de performance", bailando y mostrando su colorida cola para atraer a su pareja y así perpetuar la especie. Lúdico y a la vez serio, su comportamiento es un reflejo del mundo humano solo que aquí la hembra se lleva la mayor cuota de poder.

En Cuenca, Caroline Rothwell presenta una serie de esculturas y grandes impresiones fotográficas sobre gasa transparente. Basadas en una imagen histórica del Amazonas, las impresiones nos muestran una figura en la parte central que, sin embargo, está tachada e incompleta. Las impresiones, a modo de imágenes fantasmagóricas sobre un material flotante y sutil, van acompañadas de esculturas suspendidas, sujetas al suelo con una cuerda y una roca a modo de contrapeso. Una escultura contiene una cápsula sellada llena de agua balanceada junto a un vaso destapado de agua que se evapora a lo largo de la duración de la exposición, alterando el equilibrio de la pieza con el paso del tiempo. Aquí, todos los elementos mantienen una armonía entre los estados sólido y transparente, fijo e impermanente. Un pequeño barómetro de cristal se suma a otra de las esculturas; su función original era predecir los patrones metereológicos para los barcos en el siglo XIX. Este instrumento, inventado por el almirante Robert FitzRoy quien en 1831-36 dirigió la expedición del HMS Beagle a Sudamérica y las Galápagos, tiene una particular importancia científica para Ecuador. En este caso su función es metafórica, como indicador de turbulencias medioambientales o de cambio climático.

En su obra de Cuenca, Janet Laurence también explora la impermanencia, la transparencia y la opacidad. Conocida por sus instalaciones elegíacas que abordan problemas medioambientales acuciantes, en esta nueva obra site-specific analiza la fisiología de las plantas medicinales de Ecuador y su relación vital con el hombre. Una mesa alargada sirve de soporte a viales de vidrio, tubos de plástico y material de laboratorio junto con muestras de plantas recogidas en la zona, todo ello parcialmente oculto (o alternativamente revelado) bajo un velo blanco. La situación de riesgo del mundo natural, causado por la intervención del hombre y las catástrofes, es un tema recurrente en la obra de Laurence. Todos los seres vivos estamos interrelacionados, señala, y si seguimos tratando a la naturaleza sin respeto, comprometeremos nuestra propia supervivencia como especie. Recientemente, Laurence ha explorado la idea del hospital como espacio para la rehabilitación de plantas y ecosistemas amenazados. La incorporación de material de laboratorio y gasa blanca a sus trabajos, incluyendo el de Cuenca, nos sugiere un espacio para la reanimación y la curación. Con esta nueva obra pone en primer plano temas de interdependencia y equilibrio, ofreciendo un futuro sostenible si decidimos reconocer nuestra propia fragilidad y nuestro lugar en un marco mas global.

Supervivencia y perpetuación de la especie son también temas centrales en los vídeos de María Fernanda Cardoso de pequeñas arañas macho que "actúan" para atraer a una pareja. En uno de ellos, una araña maratus splendens de 3 milímetros repiquetea con su cola, antebrazos alzados y espalda resplandeciente con brillantes marcas rojas para captar la atención de una hembra marrón de mayor tamaño. En el otro, un maratus volans despliega y luego exhibe su cola ovalada amarilla, naranja y verde como un pavo real, agitándola de manera seductora frente a su pareja que se acerca y se aleja indecisa. El sonido es primordial en la comunicación de las arañas y Fernanda Cardoso ha grabado los sonidos de su danza con un vibrómetro. Inaudibles para el oído humano, sus ruidos sordos, tamborileos y golpeteos son convertidos al espectro audible y parecen "conversaciones" que podemos escuchar a hurtadillas. Los visitantes a la exposición de Cuenca ven el vídeo desde una plataforma construida especialmente por el artista de sonido Andrew Bellety, en la cual pueden percibir las vibraciones a través de sus pies y de sus cuerpos como hacen las arañas. Al recordarnos que debemos tener cuidado con dónde pisamos y las cosas que destruimos sin darnos cuenta, esta obra es una potente metáfora de la fragilidad y la impermanencia. Color, patrón, movimiento, gesto y sonido son todos parte del repertorio de la araña. Al igual que la combinación de danza, música y arte, su extraordinario ritual de apareamiento representa para la artista "el origen del arte".

Las coloridas pancartas de Reko Rennie conectan a varios niveles con las obras de Rothwell, Laurence y Fernanda Cardoso. La combinación de papel de aluminio de colores y pintura acrílica sobre tela resulta ópticamente brillante y su revestimiento con un estampado de rombos y camuflaje responde a cuestiones de ocultación y revelación. El camuflaje se ha utilizado tradicionalmente en el ejército como medio de encubrimiento visual para los soldados durante las campañas, su diseño fluido y sus colores apagados evitan ser detectados por el enemigo. El distintivo diseño de rombos hace referencia a la herencia Kamilaroi de Rennie y le conecta con la familia y la historia. Es, dice, "una orgullosa declaración de identidad y comunidad". La pancarta, al abordar ideas en torno a la visibilidad tanto individual como comunal, representa una declaración de solidaridad con las comunidades indígenas de todo el mundo. Además, refleja el interés del artista y su estudio sobre la propia cultura de Ecuador, una forma muy apropiada de unir arte e ideas en el contexto de la Bienal de Cuenca.



Frágil

I was always here – this short but powerful statement appears across a large suspended banner by Reko Rennie as a centrepiece for the Australian pavilion of the XIII Bienal de Cuenca, Ecuador. Rennie has incorporated the geometric ‘diamond’ patterning of the Kamilaroi people as a backdrop to the words, contrasting it against a camouflage pattern to explore themes of Indigenous heritage and cultural empowerment. The banner format also recalls Australia’s potent history of activism and Indigenous rights: as Rennie says, ‘it heralds the original people’.

Survival in a rapidly changing world has been a recurring theme for many artists working today. From ecological threat to technological transformation, they have sought to make sense of the issues we face as a society (and planet) through their practices. Four artists take up these themes in very different ways for the Australian pavilion, their works reflecting the significance of place and identity, the natural world under threat, and themes of survival, adaptation and attraction in the animal kingdom. Concepts of fragility (fragilidad) and impermanence – the latter providing a curatorial framework for the wider Bienal – form a platform for their works. 

For Rennie, these concepts are explored through the lens of Aboriginal Australian history and survival in the present, something that resonates in Ecuador with its own Indigenous history and peoples. For Janet Laurence and Caroline Rothwell, they find expression through the world of plants and ecosystems as they are impacted by human activity. For Maria Fernanda Cardoso, it is the tiniest of creatures – a hopping spider 16 times smaller than a human finger-tip – that becomes ‘the first performance artist’, dancing and displaying its colourful tail to attract a mate and perpetuate the species. Playful as it is serious, it acts as a mirror for the human world, but with the female holding the greater share of power. 

Caroline Rothwell presents a suite of sculptures and large photographic prints on transparent voile for Cuenca. Based upon a historical image of the Amazon, the prints reveal a figure at their centre, but it is scratched out and incomplete. Ghostly images upon floating, sheer material, the prints are accompanied by suspended sculptures that are tethered to the ground by rope and weighted with a rock. One sculpture contains a sealed capsule of water, balanced alongside an open glass of water that evaporates over the exhibition’s duration, altering the piece’s equilibrium over time. Here, all things are held in the balance between solid and transparent, fixed and impermanent states. A small glass barometer or ‘storm glass’ augments another sculpture, its original purpose to predict weather patterns for ships in the 1800s. Developed by Admiral Robert FitzRoy, who led the HMS Beagle’s 1831-36 survey along the South American coast and Galapagos archipelago, it holds particular scientific significance for Ecuador. Here, its purpose is metaphorical, as a guide for environmental turbulence or climate change. 

Janet Laurence too explores impermanence, transparency and opacity within her presentation for Cuenca. Known for her elegiac installations that address pressing environmental issues, she explores the physiology of medicinal plants from Ecuador and their vital relationship to the human world through this new, site-specific work. A long table supports glass vials, plastic tubing and laboratory equipment alongside locally sourced plant samples, all partially concealed (or alternately revealed) beneath a white fabric veil. The imperilled state of the natural world, due to human intervention and catastrophe, is a recurring theme within Laurence’s practice. All living things are interrelated, she points out, and if we continue to treat the natural world with disregard, we will impact our own future survival as a species. Recently, Laurence has explored the idea of the hospital as a space for the rehabilitation of plants and ecosystems under threat. The incorporation of laboratory equipment and white gauze in her works, including Cuenca, suggests a space for healing and resuscitation. Through this new work, themes of interdependence and equilibrium are brought to the fore, offering a sustainable future if we choose to acknowledge our own fragility and place within the wider scheme of things. 

Survival and species perpetuation are also central to Maria Fernanda Cardoso’s videos of tiny male spiders who ‘perform’ to attract a mate. In one video, a 3 millimetre maratus splendens spider drums with his tail, forearms raised and back resplendent with vivid red markings to attract the attention of a larger brown female. In the other, a maratus volans unfolds then displays his oval yellow, orange and green tail like a peacock, shaking it enticingly to his mate who approaches and pulls back, undecided. Sound is central to the spiders’ communication and Fernanda Cardoso has recorded the sounds of their dance using a laser vibrometer. Inaudible to the human ear, their thumping, drumming and tapping are translated to an audible range, like ‘conversations’ that we can eavesdrop into. Visitors to Cuenca view the videos from a purpose-built platform developed by sound artist Andrew Bellety, through which they experience the vibrations through their feet and bodies like spiders do. Reminding us to be aware of where we step, and what we inadvertently destroy, the work is a potent metaphor for fragility and impermanence. Colour, pattern, movement, gesture and sound are all part of the spiders’ repertoire. Like dance, music and art combined, their extraordinary mating ritual also represents for the artist ‘the origins of art’ itself. 

Reko Rennie’s colourful banner connects on various levels with the works of Rothwell, Laurence and Fernanda Cardoso. Using a combination of metallic coloured foils and acrylic paint on linen, it is optically vibrant, and its geometric diamond patterning and camouflage overlay responds to themes of concealment and revelation. Traditionally, camouflage has been used in the military as a means of visual concealment for soldiers in the field, its fluid patterning and muted colours a way of avoiding notice from the enemy. The contrasting diamond pattern refers to Rennie’s Kamilaroi heritage and connects the artist to family and history – it is, he says, ‘a proud declaration of community and identity’. Engaging with ideas around visibility, both individual and communal, the banner represents a statement of solidarity with Indigenous communities from around the world. It further reflects the artist’s interest in and research on Ecuador’s own history, a fitting way to unite art and ideas within the context of the Cuenca Bienal. 


Rachel Kent, Curadora Jefe, Museo de Arte Contemporáneo (MCA) Sídney, Australia


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